En una comparecencia de carácter urgente ante un panel del Congreso, el expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, rompió el silencio sobre sus vínculos con el financiero Jeffrey Epstein. Durante la sesión a puerta cerrada, el exmandatario fue tajante al señalar que durante el tiempo que duró su relación personal con el magnate, no tuvo indicios de sus actividades criminales. "No vi ni hice nada malo", declaró Clinton, buscando distanciarse de uno de los escándalos sexuales más grandes de la historia reciente de EE. UU.

Clinton enfatizó ante los parlamentarios que, de haber tenido conocimiento de los abusos perpetrados por Epstein, él mismo habría procedido a denunciarlo ante las autoridades de manera inmediata. El expresidente reiteró que su contacto con el pederasta, aunque ampliamente documentado en registros de vuelo y eventos sociales, se limitó a una relación superficial y de carácter social que terminó mucho antes de que se hicieran públicas las primeras acusaciones graves.

El equipo legal y los portavoces de Clinton subrayaron que el exmandatario dejó de frecuentar a Epstein años antes de 2008, fecha en la que el financiero firmó su primer acuerdo de culpabilidad por solicitar prostitución de menores. No obstante, las interrogantes sobre sus múltiples viajes en el avión privado de Epstein, apodado por la prensa como el "Lolita Express", continúan siendo un punto de fricción en la opinión pública internacional. En México, el caso ha resonado con fuerza debido a las constantes revelaciones sobre las redes de poder e impunidad que rodearon al financiero neoyorquino.

Esta declaración forma parte de un esfuerzo legislativo continuo por esclarecer la red de influencias que permitió a Jeffrey Epstein operar durante décadas sin enfrentar consecuencias legales significativas. Mientras que otros nombres de la élite política y empresarial global siguen bajo el escrutinio de la justicia, la defensa de Clinton se mantiene firme en la postura de una ignorancia total sobre los hechos delictivos.

La comparecencia marca un hito en la investigación, aunque críticos y activistas señalan que aún quedan cabos sueltos sobre la frecuencia y la verdadera naturaleza de los encuentros entre ambos. La noticia sigue en desarrollo mientras el panel del Congreso analiza las transcripciones de la declaración para contrastarlas con la evidencia recolectada en los últimos años.