La Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad de Estados Unidos (CISA, por sus siglas en inglés) atraviesa un periodo de profunda incertidumbre que compromete la estabilidad digital del país. Según reportes de TechCrunch, durante el primer año de la administración del presidente Donald Trump, la agencia ha sufrido una serie de recortes presupuestales, despidos y descansos obligatorios que han mermado significativamente su capacidad operativa.

CISA es la entidad gubernamental encargada de proteger la infraestructura crítica —como redes eléctricas, sistemas de agua y plataformas gubernamentales— contra amenazas cibernéticas y ataques de actores extranjeros. Para los lectores en México, es fundamental entender que CISA funciona como el escudo digital principal de nuestro vecino del norte; dada la interconexión de nuestras redes y tratados comerciales, cualquier vulnerabilidad en sus sistemas representa un riesgo indirecto para la seguridad informática regional.

Diversas fuentes de la industria de la ciberseguridad, así como legisladores de los partidos Republicano y Demócrata, han manifestado su preocupación ante lo que describen como una falta de preparación alarmante. De acuerdo con estos expertos, la agencia no cuenta actualmente con los recursos ni el personal necesario para gestionar adecuadamente una crisis cibernética de magnitud nacional. La pérdida de talento humano especializado es uno de los puntos más sensibles, ya que los despidos y las licencias forzosas (conocidas en inglés como furloughs) han provocado una fuga de cerebros hacia el sector privado.

El debilitamiento de la CISA ocurre en un momento donde las amenazas digitales, desde el ransomware hasta el espionaje estatal, están en su punto más alto a nivel global. Los críticos de estas medidas señalan que la reducción del presupuesto no solo afecta la respuesta inmediata ante incidentes, sino también las labores de prevención y asesoría que la agencia brinda a empresas privadas y gobiernos locales.

A pesar de las advertencias bipartidistas sobre los riesgos de seguridad nacional que esto implica, la tendencia de recortes parece mantenerse firme bajo la actual política de austeridad administrativa. El panorama actual deja una interrogante abierta sobre cómo responderá la potencia norteamericana ante un ataque cibernético de gran escala en un entorno de fragilidad institucional.