En un movimiento que refleja la gravedad de la crisis geopolítica en el Medio Oriente, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, a través de su embajada en Teherán, ha emitido un comunicado urgente exhortando a todos sus ciudadanos residentes y visitantes en Irán a abandonar el país a la brevedad. La recomendación de salida, calificada como de carácter urgente, sugiere el uso de vuelos comerciales disponibles mientras las rutas de transporte sigan operativas.
La alerta diplomática subraya que la situación de seguridad en la región se ha vuelto “altamente compleja y grave”, instando a quienes decidan permanecer en territorio iraní a extremar las medidas de precaución, evitar sitios de aglomeraciones y mantenerse en contacto permanente con la sede diplomática. China, que históricamente ha mantenido una postura de mediador y socio estratégico de Irán, raramente recurre a este tipo de llamados, lo que para los analistas internacionales representa una señal clara de que el riesgo de un enfrentamiento armado de gran escala es inminente.
Este anuncio ocurre en medio de las crecientes amenazas de represalias militares tras incidentes recientes en la zona, involucrando tensiones directas con Israel. La decisión de Beijing se alinea con acciones tomadas por otras potencias globales que han comenzado a evacuar personal no esencial o a desaconsejar viajes a la República Islámica, ante el temor de que el espacio aéreo pueda ser cerrado en cualquier momento debido a operaciones militares.
Para el público en México, esta situación resuena con las recientes circulares emitidas por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). La cancillería mexicana, encabezada por Alicia Bárcena, ha mantenido una postura de vigilancia continua, recomendando a los mexicanos en la región registrarse en el Sistema de Registro para Personas Mexicanas en el Exterior (SIRME) y, en la medida de lo posible, programar salidas preventivas hacia destinos más seguros. Si bien la presencia de comunidades mexicanas en Irán es significativamente menor a la de los ciudadanos chinos, el impacto en la estabilidad de los precios del petróleo y el transporte marítimo global es una preocupación compartida para la economía nacional.
El despliegue de estas alertas preventivas subraya la fragilidad de la paz en la región. Las autoridades chinas han dejado claro que la prioridad absoluta es la salvaguarda de sus nacionales frente a un panorama donde la diplomacia parece ceder terreno ante los tambores de guerra. Se espera que en las próximas horas más naciones sigan el ejemplo de China, intensificando la presión internacional para una desescalada del conflicto.



