El cofundador de Microsoft, Bill Gates, ha vuelto a situarse en el centro de la polémica internacional tras admitir públicamente que mantuvo relaciones sentimentales con dos mujeres de nacionalidad rusa vinculadas al entorno del fallecido magnate y pederasta Jeffrey Epstein. Durante una reunión con empleados de su fundación, cuya grabación fue obtenida por el diario The Wall Street Journal, el filántropo ofreció una disculpa formal por el daño reputacional causado a su organización.

Gates reconoció que Epstein tuvo conocimiento de estos romances, aunque enfatizó que las mujeres involucradas no formaban parte de la red de víctimas del delincuente sexual. “Pido disculpas a otras personas que se han visto involucradas en esto por el error que cometí”, declaró el empresario, calificando su asociación con Epstein como un “gran error” que ha manchado el nombre de la Fundación Bill y Melinda Gates.

Ante los cuestionamientos surgidos por la reciente filtración de documentos y fotografías vinculadas al caso, donde se observa a Gates con mujeres cuyos rostros aparecen cubiertos, el magnate aclaró que se trataba de asistentes de Epstein. Según su versión, el fallecido pederasta solía pedirle que posara para fotografías con su personal después de las reuniones de negocios. “Para que quede claro, nunca pasé tiempo con las víctimas, las mujeres que lo rodeaban”, puntualizó el filántropo en un intento por desmarcarse de las acusaciones de tráfico sexual.

A pesar de admitir la cercanía y el contacto con estas personas, el multimillonario fue tajante al defender su conducta personal: “No hice nada ilícito. No vi nada ilícito”. Esta declaración busca blindar su imagen frente a los crímenes federales cometidos por Epstein, los cuales han provocado caídas de figuras públicas en diversos ámbitos, desde la política británica hasta la realeza.

Para el público en México, donde la Fundación Gates mantiene programas de salud y desarrollo social, estas revelaciones ponen bajo la lupa la ética corporativa y la responsabilidad de las figuras globales que lideran organizaciones benéficas. El caso Epstein sigue provocando repercusiones internacionales de alto nivel, demostrando que los vínculos con el fallecido magnate continúan siendo una fuente de crisis de reputación para los líderes más poderosos del mundo de la tecnología.