Para el periodismo deportivo en México, el nombre de Tony Pulis quizá no resuene con la misma fuerza que el de figuras mediáticas como Pep Guardiola, pero en el ecosistema de la Premier League inglesa, Pulis es sinónimo de supervivencia y longevidad. Recientemente, en su columna para la cadena británica BBC Sport, el experimentado exentrenador de equipos como el Stoke City, Crystal Palace y West Bromwich Albion ha puesto el dedo en la llaga sobre una realidad que aqueja al fútbol global: la muerte del tradicional 'plan de tres años' para los directores técnicos.
Históricamente, se consideraba que un entrenador necesitaba un ciclo de al menos tres temporadas para imprimir su sello en un equipo: la primera para evaluar el plantel, la segunda para construir una identidad y la tercera para cosechar los frutos del trabajo. Sin embargo, Pulis argumenta que en el fútbol de élite contemporáneo, este ciclo se ha reducido drásticamente. La paciencia, que antes era una virtud de las directivas institucionales, ha sido devorada por la urgencia de resultados inmediatos y la presión mediática constante que no otorga tregua.
Pulis explica que el secreto de la longevidad en los banquillos se ha vuelto un enigma casi imposible de descifrar. La volatilidad que domina la industria no se debe únicamente a la falta de capacidad táctica de los profesionales, sino a factores externos que han transformado la esencia del deporte. En una liga donde cada posición en la tabla general representa millones de libras en derechos televisivos y patrocinios, el miedo al fracaso económico suele dictar las decisiones deportivas por encima de la lógica del entrenamiento. El margen de error es prácticamente inexistente, y una racha negativa de pocos partidos puede significar el despido fulminante.
Para el aficionado y el analista en México, esta dinámica resulta sumamente familiar. Al igual que sucede en la Liga MX, donde el promedio de permanencia de un técnico es alarmantemente bajo, la Premier League ha sucumbido a la cultura del 'cortoplacismo'. Pulis destaca que la relación entre el entrenador y los propietarios de los clubes ha cambiado profundamente; hoy es difícil encontrar esa complicidad y respaldo que permitía superar las crisis naturales de resultados en favor de un bien mayor.
Finalmente, el análisis de Pulis sugiere que mantenerse en el cargo hoy en día requiere mucho más que simples pizarras y estrategias de campo. Se requiere una gestión política interna impecable y una resistencia psicológica capaz de soportar el escrutinio tóxico de las redes sociales y la cobertura de prensa de 24 horas. El fútbol moderno, según el veterano estratega, ha dejado de ser un proceso de construcción artesanal para convertirse en un ejercicio de supervivencia semanal bajo condiciones de alta tensión.



