La reconocida periodista británica Amanda Platell, columnista del diario Daily Mail, se encuentra en el centro de una intensa controversia mediática tras la publicación de su reciente artículo de opinión sobre el príncipe William. En un giro inesperado para su carrera, Platell confesó haber roto una de sus reglas de oro: leer los comentarios de los lectores en las plataformas digitales, una experiencia que describió como profundamente dolorosa.
El origen del conflicto radica en una columna publicada la semana pasada, en la cual Platell argumentó que el príncipe William, heredero al trono británico, debería «dar un paso al frente» y cubrir los huecos dejados en la agenda real. Esta sugerencia surge en un momento delicado para la monarquía británica, que enfrenta los diagnósticos de cáncer tanto del rey Carlos III como de la princesa de Gales, Kate Middleton. Para contextualizar, Amanda Platell es una figura prominente en el periodismo del Reino Unido, conocida por su estilo directo y crítico, lo que le ha valido tanto seguidores fieles como detractores feroces.
En su más reciente texto, Platell describe la hostilidad de la comunidad en línea, señalando que la ferocidad de las reacciones superó cualquier expectativa. Lo que más ha herido a la autora no es el desacuerdo profesional con sus posturas políticas o monárquicas, sino la naturaleza personal y cruel de los comentarios relacionados con el cáncer. Según Platell, la virulencia de los ataques la llevó a reflexionar sobre la falta de empatía en el entorno digital.
La periodista hace un llamado a la reflexión, instando a los críticos a conocer su historia personal antes de lanzarse a agresiones verbales. El caso de Platell pone de manifiesto la creciente tensión entre la libertad de opinión de los comunicadores y la reacción, a veces desmedida, de las audiencias en redes sociales. En México, donde el debate público en plataformas digitales suele ser igual de intenso, este caso resuena como un recordatorio sobre los límites de la crítica y el costo emocional del periodismo de opinión.
Finalmente, Platell sostiene que, aunque su labor es analizar la figura pública de los miembros de la familia real, el nivel de toxicidad alcanzado en las discusiones sobre salud es alarmante. La columnista espera que, al compartir su vulnerabilidad, los lectores hagan una pausa antes de reaccionar con odio ante puntos de vista divergentes sobre la Corona británica.



