La estabilidad en el Medio Oriente pende de un hilo. El gobierno de Estados Unidos ha emitido una recomendación urgente para que el personal no esencial de su embajada en Israel abandone el país de manera inmediata. Esta medida responde a la escalada de tensiones con la República Islámica de Irán y al temor fundado de que un estallido de violencia regional sea inevitable en el corto plazo.
El anuncio de evacuación se dio a conocer apenas un día después de que concluyera, sin resultados alentadores, una tercera ronda de negociaciones en Omán. Estos diálogos, que contaron con la mediación de autoridades omaníes, representaban lo que muchos analistas consideraban el último esfuerzo diplomático para frenar una confrontación abierta. Mientras Washington insiste en que sus acciones buscan impedir que Irán consolide su capacidad de producir armas nucleares, Teherán mantiene su postura de que su programa atómico tiene fines estrictamente pacíficos.
La presión política ha alcanzado niveles críticos tras el ultimátum lanzado por el presidente estadounidense, Donald Trump, el pasado 19 de febrero. En su declaración, el mandatario otorgó un plazo de entre 10 y 15 días para decidir si se alcanza un acuerdo definitivo o si la Casa Blanca recurrirá formalmente al uso de la fuerza militar para neutralizar la amenaza percibida.
En términos operativos, el despliegue militar estadounidense es el más ambicioso que se ha visto en la región en décadas. La estrategia incluye la movilización de dos portaaviones de gran calado; entre ellos destaca el USS Gerald Ford, la embarcación de guerra más grande del mundo. El buque zarpó de Creta este jueves con rumbo a las costas israelíes, consolidando una presencia naval que busca disuadir cualquier ofensiva iraní.
El panorama internacional se ha ensombrecido aún más con la intervención de otras potencias. China, por su parte, ha emitido una alerta de viaje recomendando a sus ciudadanos evitar cualquier traslado a Irán, citando los riesgos de seguridad derivados de la inestabilidad actual.
Para México, esta crisis internacional representa un foco de atención prioritaria. Además de la preocupación por la seguridad de los connacionales residentes en la zona, el gobierno mexicano observa con cautela las posibles repercusiones en los mercados energéticos globales. Un conflicto armado en esta región clave para el tránsito de hidrocarburos podría desestabilizar los precios del petróleo, impactando directamente en la economía nacional. La Secretaría de Relaciones Exteriores se mantiene expectante ante lo que parece ser el preámbulo de una crisis bélica de consecuencias impredecibles.



