La estabilidad en el sur de Asia pende de un hilo tras el recrudecimiento de las hostilidades entre Pakistán y Afganistán. El gobierno de Islamabad ha emitido un comunicado oficial en el que advierte que dará una “respuesta inmediata” a lo que calificó como una agresión mortal por parte de las fuerzas afganas. Este anuncio marca un punto de inflexión peligroso en una serie de enfrentamientos fronterizos que han escalado de forma alarmante durante la última semana.

Por su parte, las autoridades de Afganistán confirmaron la autoría del ataque del jueves, asegurando que sus tropas lograron abatir a decenas de soldados pakistaníes y capturar a varios más. Kabul justificó esta ofensiva como una medida de represalia necesaria tras los bombardeos aéreos ejecutados por Pakistán días atrás. Dichos bombardeos, según reportes de las Naciones Unidas, no solo violaron la soberanía territorial, sino que resultaron en la trágica muerte de civiles, agravando la tensión humanitaria en la zona.

Para México, un país con una tradición diplomática basada en la solución pacífica de las controversias y el respeto a la soberanía, esta escalada bélica es motivo de seguimiento en los foros internacionales. La cancillería mexicana suele observar estos conflictos bajo la lupa del derecho internacional, dado que la desestabilización en la región de Asia Central impacta directamente en la seguridad global y en los flujos migratorios que, eventualmente, pueden repercutir a nivel transcontinental.

La situación actual refleja el fracaso de los canales diplomáticos previos entre ambos vecinos, que comparten una frontera históricamente disputada y porosa. El intercambio de fuego de artillería y las incursiones aéreas han dejado de ser incidentes aislados para convertirse en una dinámica de conflicto abierto que amenaza con involucrar a potencias regionales.

Expertos en política exterior señalan que la promesa de una respuesta “inmediata” por parte del ejército pakistaní sugiere que nuevas operaciones militares podrían ocurrir en las próximas horas. Mientras tanto, la comunidad internacional, encabezada por organismos de la ONU, hace un llamado urgente al cese de las hostilidades para evitar una catástrofe humanitaria mayor en una población que ya sufre las consecuencias de décadas de inestabilidad política y crisis económica.