Buenos Aires, Argentina. – La imagen de Facundo Tedeschini, camarógrafo profesional, con el rostro ensangrentado y las manos atadas mientras era arrastrado por elementos de seguridad, se ha convertido en el símbolo más reciente de la vulnerabilidad que enfrenta el periodismo en Argentina. Tedeschini fue atacado brutalmente por al menos una decena de oficiales de policía mientras cumplía con su labor informativa: documentar la detención de 12 activistas de la organización ambientalista Greenpeace.
El incidente, ocurrido en la capital argentina, pone de manifiesto una preocupante tendencia de agresiones sistemáticas contra los trabajadores de los medios de comunicación desde la llegada al poder del presidente ultraderechista Javier Milei. Según reportes de diversas organizaciones de prensa, el uso de la fuerza desproporcionada contra comunicadores se ha vuelto una constante en el marco de los nuevos operativos de seguridad diseñados para disuadir la protesta social y la cobertura mediática de la misma.
Testigos en el lugar relataron que Tedeschini fue interceptado por los oficiales a pesar de estar plenamente identificado como trabajador de prensa. La violencia ejercida no solo buscó interrumpir la grabación de los arrestos de los activistas, sino que culminó en una detención arbitraria que ha sido condenada por gremios periodísticos tanto locales como internacionales. La brutalidad del ataque, captada en imágenes que rápidamente se viralizaron, muestra el rostro herido del camarógrafo como evidencia de un uso de la fuerza que excede cualquier protocolo de derechos humanos.
Para el público en México, donde la seguridad de los periodistas es un tema crítico y de agenda nacional, este escenario en Argentina resulta particularmente alarmante. La situación sirve como un recordatorio de los riesgos que corre la libertad de expresión cuando las políticas estatales de seguridad no distinguen entre la protesta y el derecho constitucional a informar. La comunidad internacional observa con atención el actuar de la administración de Milei, la cual ha mantenido una retórica de confrontación constante hacia los medios de comunicación críticos.
Expertos en libertad de prensa señalan que estos actos no son hechos aislados, sino que forman parte de un ecosistema de intimidación institucional que busca silenciar a quienes documentan el descontento social derivado de las recientes reformas económicas. Hasta el momento, las autoridades argentinas han mantenido una postura hermética sobre el trato recibido por Tedeschini, lo que para diversos observadores confirma un preocupante respaldo a la actuación violenta de los cuerpos policiales en contra de la labor periodística.

