En la República del Perú, una crisis silenciosa pero letal está cobrando la vida de sus ciudadanos a un ritmo que ha encendido las alarmas de los organismos internacionales. Según datos recientes procesados por las autoridades de transporte y salud del país sudamericano, el fenómeno de los siniestros viales se ha consolidado como un 'enemigo silencioso' que arrebata una vida cada tres horas, lo que se traduce en un promedio de ocho decesos diarios.
Este panorama coloca a la nación andina en una situación de emergencia en términos de seguridad vial. A diferencia de las enfermedades crónicas o epidemias tradicionales, estas muertes ocurren de manera súbita en carreteras y zonas urbanas, dejando un impacto devastador en el tejido social y económico del país. Los informes señalan que las causas primordiales detrás de esta estadística no han variado significativamente en la última década: el exceso de velocidad, la imprudencia de los conductores al volante y una infraestructura vial que en muchas regiones resulta insuficiente para el flujo vehicular actual.
Para el público en México, esta problemática resulta profundamente familiar. Al igual que Perú, México enfrenta desafíos estructurales similares en sus redes carreteras. De acuerdo con datos del INEGI y de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, nuestro país también registra cifras preocupantes donde los accidentes de tránsito se ubican entre las primeras causas de muerte en jóvenes. Ambas naciones comparten factores de riesgo comunes, como la falta de una cultura vial sólida y la necesidad de una fiscalización más estricta para el transporte público y de carga.
En el contexto peruano, la geografía accidentada de la zona altoandina añade una capa de complejidad. Los despeñaderos y las rutas sinuosas, sumados a la informalidad en el sector transporte, han creado un escenario crítico. Expertos locales advierten que, de no implementarse reformas profundas en la obtención de licencias de conducir y en la modernización de los sistemas de vigilancia automatizada, la cifra de muertos continuará en ascenso.
La seguridad vial debe dejar de ser vista meramente como un tema de reglamentos de tránsito para ser tratada como una prioridad de salud pública nacional. La tragedia que hoy vive Perú sirve como un recordatorio urgente para toda América Latina, y particularmente para México, sobre la importancia de invertir en prevención y en infraestructuras más seguras para evitar que el 'enemigo silencioso' siga cobrando vidas en las pistas.
