La reciente victoria de la selección de críquet de Inglaterra frente a su similar de Nueva Zelanda ha sido recibida por la prensa internacional y los aficionados como un regreso a los días de gloria bajo la dirección técnica de Brendon McCullum. El encuentro no solo representó un resultado positivo en el marcador, sino la validación de una filosofía de juego que parecía haber perdido fuerza en los últimos compromisos.
Para poner en contexto al lector mexicano, el críquet —un deporte que comparte ciertas raíces lejanas con el béisbol en cuanto al uso de un bate y una pelota— tiene en Inglaterra a uno de sus máximos exponentes. Bajo el mando de McCullum, el equipo adoptó el término "Bazball", una estrategia que prioriza la agresividad extrema y el ataque constante, rompiendo con la naturaleza tradicionalmente pausada y defensiva de este deporte. En esta ocasión, la consigna de McCullum para sus jugadores fue directa: "jueguen como Sehwag". La referencia alude a Virender Sehwag, una leyenda del críquet indio conocido por su estilo temerario y su capacidad para desmantelar a los lanzadores contrarios sin piedad.
El análisis de Matthew Henry para la BBC destaca que este triunfo ha inyectado una dosis necesaria de positividad en el vestuario inglés. Tras un periodo de incertidumbre, el equipo logró emular esa libertad creativa que los llevó al éxito en temporadas anteriores. La ejecución fue impecable, recordando por qué Inglaterra se convirtió en el equipo más temido del circuito internacional hace un par de años.
Sin embargo, el periodismo especializado mantiene una postura de cautela. A pesar de la euforia por el regreso a los "buenos tiempos", Henry advierte en su crónica que "solo se puede acudir al pozo un número limitado de veces". Esta expresión sugiere que el estilo de vida o muerte que propone el "Bazball" podría no ser una solución permanente. Si bien la agresividad rinde frutos cuando los jugadores están en su mejor nivel, también los deja vulnerables ante rachas de baja forma o contra rivales que logren descifrar su ímpetu.
Por ahora, la victoria sirve para silenciar las críticas y reafirmar que, cuando Inglaterra juega con la mente despejada y la instrucción de atacar, sigue siendo una potencia dominante. El desafío para McCullum y sus pupilos será demostrar que esta chispa de genialidad no es un evento aislado, sino el reinicio de una era de consistencia en el deporte de caballeros.



