El acceso hídrico en el mundo se mantiene como un privilegio desigual pese a los compromisos internacionales, con miles de millones de personas sin agua potable a solo cinco años de cumplirse la meta de la Agenda 2030. Mientras organismos internacionales reportan avances en herramientas conceptuales, la realidad en las calles muestra que la gestión de recursos hídricos ha fallado en traducirse en un derecho universal efectivo para la población global, dejando a las comunidades más vulnerables en una situación de riesgo constante.

Por qué el acceso hídrico cambia todo para el futuro de México - imagen 1

Casi tres décadas después del histórico Primer Foro Mundial del Agua en Marrakech, los objetivos planteados originalmente para garantizar el líquido vital para todos siguen sin cumplirse en su totalidad. Aquella cumbre fue la primera vez que el planeta se planteó una visión colectiva a largo plazo, pero la ausencia de una conciencia clara sobre la magnitud del problema ha permitido que las amenazas a los recursos hídricos continúen escalando. La falta de acciones concretas ha dejado muchas de las promesas de finales de los noventa en simples declaraciones de buena voluntad. (Lee también: Lo que nadie te dijo sobre los programas sociales y tu bienestar real.)

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada en 2015, incluyó como objetivo central garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos. Sin embargo, según reportes de diversos organismos, el tiempo se agota y miles de millones de personas continúan sin acceso a servicios básicos de higiene y agua potable. Esta crisis de gestión no solo responde a factores climáticos, sino a una distribución inequitativa de la riqueza y de la infraestructura necesaria para procesar y distribuir el recurso de manera eficiente. (Lee también: 5 razones por las que celebran ramadan con tacos y cómo cambia vidas.)

Para México, el tema del acceso hídrico es una prioridad de seguridad nacional que se manifiesta en sequías prolongadas en el norte y problemas críticos de infraestructura en el centro y sur del país. Esta situación no es ajena a España y el resto de Latinoamérica, donde el estrés hídrico está redibujando los mapas económicos y sociales. En estas regiones, la falta de inversión sostenida en redes de distribución coloca a la población en una posición de extrema vulnerabilidad ante los fenómenos climáticos extremos que cada vez son más frecuentes y severos. (Lee también: 5 razones por las que el memorial poeta de Jaime Sabines es tendencia.)

Lo que sigue ahora es una carrera contra el reloj para evitar un colapso en los sistemas de suministro urbano y rural. Las autoridades afirman estar trabajando en nuevas políticas de sostenibilidad, mientras que fuentes cercanas a organismos de monitoreo ambiental advierten que, de no triplicarse la inversión anual en infraestructura, la meta de 2030 será inalcanzable. El acceso al agua ha dejado de ser una preocupación meramente ecológica para convertirse en el desafío más grande de justicia social y estabilidad política de la década actual.